Ambiente: sonido
Música: lo ideal en general sería clásica o sólo instrumental, para que las letras no te distraigan. Puede ser más tranquila en la teoría y más animada para cosas más prácticas.
Ruidos. El más conocido es el blanco, pero hay varios, cada uno con sus características, que te ayudarán a concentrarte en diderentes tareas, o quizás solo puedas usar uno:
Blanco: contiene todas las frecuencias con la misma intensidad. Suena constante y uniforme, como un “shhh” continuo (similar a una televisión sin señal).
Marrón: predominan los sonidos graves. Es más profundo y envolvente, parecido al rumor de una cascada, a una tormenta de arena o a lo que yo imagino debe sonar el interior de la tierra.
Azul: suena más estridente e intenso, como un silbido o un chisporroteo. Consejo: pon el volumen bajo si lo escuchas por primera vez, a mi me da bastante grima y me taladra el cerebro.
Verde: se centra en frecuencias medias, las más cercanas al oído humano. Resulta natural y equilibrado, similar a la lluvia suave o el viento entre hojas.
Rosa: mezcla equilibrada, pero con más peso en los graves que el blanco. Es más suave y agradable, parecido a una lluvia constante o el murmullo de una habitación llena de gente.
Otros multimedia: si tienes una atención dispersa, puede ser que no sea dispersa porque sí, sino que tu cerebro busque algo a lo que anclarse. Prueba a ponerte una serie conocida o un podcast; es lo suficientemente estimulante para interesar a esa parte inquieta, pero no lo suficientemente nuevo como para distraerte. Así, tu otra parte de la atención se puede dedicar a la tarea. Si tienes TDAH u otra neurodivergencia, pruébalo.
Silencio: puede ser que lo necesites para tareas complejas o de teoría. No confundas que tu cerebro se haya acostumbrado a la estimulación, con que realmente necesites algo de fondo. Si no te concentras con nada de fondo, vas a tener que tener paciencia e intentar entrenar la atención en silencio (para ello divide el estudio o aprendizaje en tiempos más cortos, hasta habituarte)